El movimiento en el puerto de Dhaka comienza con la llegada de los primeros barcos cargados de carbón, cemento y piedra. A falta de maquinaria, la descarga depende por completo del trabajo manual. Los operarios cruzan estrechas pasarelas de madera cargando sobre sus cabezas cestos de unos 25 o 30 kilos.
El sistema funciona por producción: cada viaje se contabiliza con una ficha que, al final de la jornada, se canjea por el salario diario. Es un trabajo sin contratos ni medidas de seguridad que se extiende desde el amanecer hasta el anochecer.
Crisis energética, migración y demanda creciente
Bangladesh se enfrenta a una tormenta perfecta, crisis energética, migración interna y un crecimiento demográfico imparable. En respuesta al colapso de su sistema eléctrico, el gobierno se ha visto obligado a triplicar la producción de energía a base de carbón, una medida que ha disparado su precio – duplicado en 2023 – y ha alimentado aún más una economía dependiente de métodos contaminantes.

Ese mismo carbón, además de alimentar las centrales eléctricas, se utiliza como principal fuente de energía en las fábricas tradicionales de ladrillos y en la producción de cemento. Una cadena que, ladrillo a ladrillo, está construyendo el crecimiento urbano del país… al precio de convertir Dhaka en una de las ciudades con el aire más contaminado del mundo.

Pero no es solo una cuestión energética. El cambio climático ha desplazado a miles de personas desde zonas rurales, empujándolas a la capital en busca de empleo. La presión demográfica ha disparado la demanda de materiales de construcción y ha provocado un aumento desenfrenado de los precios.

Para saciar esa necesidad, cada mañana decenas de barcos cargados de carbón, cemento y piedra arriban a las orillas de Dhaka. Lo que sigue ya no es una crisis política ni económica. Es una coreografía diaria de cuerpos que descargan el futuro de un país sobre sus espaldas.
La descarga de barcos
En los muelles de Dhaka no hay motores ni grúas. Solo hombres, y a veces mujeres, cargando con el peso de la economía sobre la cabeza. El sistema es tan rudimentario como brutal.





El equipo de trabajo es mínimo: cada operario aporta su propio cesto de bambú, cuyo coste (unos 250 takas) puede representar la mitad de su jornada. El proceso consiste en llenar el cesto con material y cruzar las pasarelas de madera que conectan las embarcaciones con la orilla, a menudo situadas a varios metros de altura. Es un circuito continuo de ida y vuelta que se realiza sin calzado adecuado ni apoyo mecánico, confiando únicamente en la resistencia física y el control del peso sobre la cabeza.



Por cada viaje completo, los encargados de la mercancía entregan una ficha de color distinto según el tipo de material:
- Carbón: 3 takas
- Arena: 2 takas
- Piedras: entre 2 y 3 takas, según la distancia

Un día normal para Saifullah, uno de los trabajadores, consiste en realizar entre 200 y 250 viajes. Eso le deja unas ganancias de entre 400 y 750 takas al día, dependiendo del material. Con el valor actual del taka (0,0072 €), eso equivale a entre 2,88 y 5,40 euros diarios.


Con cargas que oscilan entre los 25 y 30 kilos, un trabajador puede llegar a mover entre 5 y 7,5 toneladas en una sola jornada. Al final del día, el salario se calcula en función del volumen total transportado, una tarea de enorme exigencia física que se realiza de forma manual y bajo condiciones de higiene mínimas.



Condiciones laborales en la descarga de barcos en Dhaka
En los muelles de Dhaka, la fuerza física sustituye a cualquier equipamiento técnico. Al no contar con medidas de protección, formación ni periodos de descanso, los trabajadores asumen el riesgo directo de sufrir lesiones musculares, hernias o fracturas. Ante cualquier accidente, el operario queda desprotegido, ya que no existe cobertura ni responsabilidad por parte de la empresa.

Las pasarelas de madera que conectan los barcos con la orilla suelen estar húmedas o agrietadas, lo que aumenta el riesgo de caídas desde varios metros de altura. Con una carga de 30 kilos sobre la cabeza, cualquier accidente supone una baja forzosa que el trabajador debe asumir por su cuenta: en este sistema, la remuneración depende exclusivamente de la capacidad física diaria.

La jornada se desarrolla a pleno sol, con picos de 40 grados en los meses de verano. El entorno está marcado por el polvo de carbón en suspensión y un ritmo de trabajo que afecta directamente a la salud pulmonar y articular. Sin acceso a atención sanitaria ni seguimiento médico en los muelles, el único límite a la jornada lo marca la capacidad de aguante de cada operario.

El trabajo en los muelles no distingue géneros: las mujeres forman parte de las filas de carga bajo las mismas condiciones que los hombres. Transportan el mismo peso y siguen el mismo ritmo de producción, sujetas al mismo sistema de fichas y a la ausencia de cualquier trato diferenciado. Es una actividad marcada exclusivamente por la necesidad económica y la capacidad de resistencia física.

Al caer la luz, el puerto de Dhaka no se detiene por descanso, sino por falta de visibilidad. Las últimas fichas se canjean y los trabajadores abandonan los muelles, dejando paso a la llegada de nuevas embarcaciones que descargar al amanecer. Es un ciclo ininterrumpido donde la logística depende exclusivamente del esfuerzo manual y donde cada jornada empieza y termina bajo las mismas condiciones de precariedad.

