Copenhague fue la primera parada de un viaje que nos llevaría después a recorrer la isla de Lolland, en el sur de Dinamarca. Aunque la capital danesa ofrece planes para estar una semana entera, dos días son más que suficientes para llevarte una excelente impresión de la ciudad si sabes cómo organizar el recorrido.
En esta entrada nos centramos exclusivamente en qué ver en Copenhague en 2 días: un itinerario optimizado para recorrer sus palacios, sus canales y los mejores photo spots de la capital antes de poner rumbo al sur. Además, te daré consejos prácticos sobre alojamiento y cómo ahorrar dinero en una de las ciudades más caras de Europa.
Tabla de contenidos

Dónde alojarse en Copenhague
Copenhague es una ciudad bastante cara y el presupuesto en alojamiento se puede disparar de forma absurda si no reservas con tiempo o si buscas grandes lujos en pleno centro. Para organizar tu estancia, estas son las dos opciones más interesantes según lo que busques:
Cabinn City: la opción práctica y económica en el centro
Si tu prioridad es ajustar el presupuesto sin alejarte del centro, la cadena Cabinn es una de las alternativas más inteligentes. Nosotros nos alojamos en el Cabinn City: sus habitaciones son pequeñas y funcionales, pero están bastante bien y cumplen de sobra si vas a pasar el día p pateando la ciudad. Lo mejor, sin duda, es su ubicación estratégica, a pocos minutos a pie de la Estación Central, los Jardines Tivoli y la Plaza del Ayuntamiento. Dentro de los precios disparados de Copenhague, es de las opciones céntricas más asequibles que vas a encontrar.

Manon Les Suites: el hotel de 5 estrellas definitivo para creadores
Si buscas una experiencia completamente distinta o quieres elevar el nivel visual de tu viaje, el Manon Les Suites (de la cadena Guldsmeden) es el hotel más cotizado y fotografiado de todo Copenhague. Su gran atractivo es su atrio central: una piscina cubierta rodeada de vegetación tropical y balcones con un estilo balinés brutal que contrasta de lleno con el frío escandinavo del exterior. Es una opción de lujo pensada al milímetro si el objetivo de tu estancia es la experiencia y la creación de contenido.
La Copenhagen Card de 2 días
Copenhague es una ciudad cara, pero la forma más directa de ahorrar en las entradas y el transporte es utilizar la Copenhagen Card (en su versión Discover). Nosotros compramos la Copenhagen Card de 48 horas y, entrando a los palacios, museos y atracciones que componen esta ruta, el ahorro final respecto a pagar las entradas por separado es brutal.
Con una sola tarjeta digital en el móvil tienes acceso incluido a la gran mayoría de puntos clave del itinerario (como el Palacio de Rosenborg, Christiansborg, la Torre Redonda, la Glyptotek o los Jardines Tivoli) y transporte público ilimitado por toda la ciudad y la región capital, incluyendo el tren desde el aeropuerto. Si vas a exprimir la ciudad en dos días y entrar a los monumentos principales, compensa desde la primera jornada.

Qué hacer en Copenhague en dos días: itinerario completo
Aterrizamos en Copenhague a media tarde y, tras instalarnos en el hotel y buscar un sitio para comer algo rápido y recargar energías, nos lanzamos a tener el primer contacto con la capital danesa antes de arrancar las dos jornadas completas de ruta.
Ny Carlsberg Glyptotek
Nuestra primera parada fue la Glyptoteket, un museo fundado a finales del siglo XIX por el cervecero Carl Jacobsen. Más allá de su impresionante colección de escultura egipcia, griega, romana y arte francés, el gran reclamo del edificio es su jardín de invierno: un patio central cubierto por una imponente cúpula de cristal rodeada de palmeras. Además, en la planta superior hay una terraza con vistas geniales hacia los Jardines Tivoli, aunque ten en cuenta que el acceso a la azotea suele cerrar un poco antes que el resto del museo; si vas demasiado tarde por la tarde, te la encontrarás cerrada.

Jardines de la Biblioteca Real
Ubicados en el patio interior de la antigua biblioteca, estos jardines son un remanso de paz en pleno centro político de Copenhague. Rodeados por edificios históricos y presididos por una gran fuente central con la estatua de Soren Kierkegaard, son el lugar perfecto para pasear entre flores y árboles centenarios. Es un rincón tranquilo que suele pasar desapercibido para el turismo de masas y que sirve de transición perfecta hacia la parte moderna del complejo.

La Biblioteca Real y el Diamante Negro
La entrada se realiza por el Diamante Negro, el edificio moderno de granito y cristal. Nada más entrar, lo que impacta es su espectacular atrio de cinco o seis pisos de altura, con una entrada de luz natural brutal que ofrece encuadres fotográficos increíbles.

Atravesando esta zona moderna se llega al edificio antiguo, donde se encuentran las típicas salas de biblioteca clásicas con estanterías de madera maciza. Aunque no está permitido hacer fotos en su interior, vale muchísimo la pena entrar a verlas.
Para terminar, si cruzas al otro lado del canal se obtiene una perspectiva genial para fotografiar la mole del Diamante Negro sobre el agua (aunque en nuestra visita el puente peatonal estaba en obras y no pudimos hacer esa toma concreta).

Magstræde
Al día siguiente, nuestra primera parada fue Magstræde, una de las calles más antiguas y fotogénicas de la ciudad. Con sus adoquines y sus fachadas de colores pastel de los siglos XVII y XVIII, es una auténtica postal.
El truco aquí es ir temprano por la mañana para coger la calle completamente vacía, sin furgonetas de reparto ni gente cruzándose en el encuadre. Una vez hecha la foto con la perspectiva limpia, ya puedes buscar un súper o una cafetería cercana para desayunar con calma.

Jardín Botánico y el invernadero histórico (Palmhuset)
Tras el paseo matutino, nos adentramos en el Jardín Botánico de Copenhague (Botanisk Have), un gran pulmón verde en pleno centro que regala rincones estupendos para pasear y hacer fotos con calma. El plato fuerte del recinto es su impresionante invernadero histórico (Palmhuset), una estructura de hierro y cristal del siglo XIX inspirada en el Crystal Palace de Londres.

Dentro del invernadero recrean una selva tropical densa, por lo que el choque de temperatura y humedad al entrar es bestial: ojo con el equipo fotográfico porque las lentes se empañan al instante y tarda un buen rato en irse el vapor. Superado ese trance técnico, merece la pena subir por las escaleras de caracol hasta las pasarelas superiores para fotografiar la vegetación desde arriba. Dentro del propio complejo se visita también el mariposario, un espacio acristalado lleno de mariposas.

Castillo de Rosenborg
A pocos pasos del Jardín Botánico se encuentra el Castillo de Rosenborg, un palacio de estilo renacentista holandés construido a principios del siglo XVII por el rey Cristian IV. Rodeado por los jardines del Rey (Kongens Have), el castillo llama la atención desde fuera por su ladrillo rojo y sus torres de cobre.

Entramos a visitar el castillo por dentro, lo cual merece totalmente la pena si te interesa la historia real danesa o los interiores opulentos. Las estancias están increíblemente bien conservadas, con tapices, techos labrados y mobiliario de época. Además, la visita incluye el acceso a la cámara acorazada en el sótano, donde se custodian las Joyas de la Corona y las insignias reales danesas.

Nyboder
Tras la visita al castillo, aprovechamos los propios jardines de Rosenborg para comer algo rápido y reponer fuerzas. Desde allí nos pusimos en marcha hacia Nyboder, el histórico barrio de las antiguas viviendas militares. Pasear entre sus emblemáticas casas adosadas de color amarillo chillón es un acierto total para la fotografía: el contraste del color con los adoquines y la simetría de sus calles largas da para buscar composiciones muy potentes.
Tras hacer unas cuantas fotos por la zona, paramos a recargar pilas y tomar un café en Apotek 57, una cafetería cercana con un diseño muy cuidado.

Kastellet
Desde Nyboder nos fuimos directos a Kastellet, la histórica fortaleza militar con forma de estrella. Es un sitio genial para pasear, rodeado de foso, murallas de hierba y casitas de ladrillo rojo. Estuvimos recorriendo la ciudadela y subimos a la parte alta para hacer fotos de su icónico molino de viento de madera, que contrasta súper bien con la vegetación del parque. Alrededor del foso exterior también destaca la iglesia anglicana de San Albano con la fuente de Gefion justo al lado.


La Sirenita
Al salir de Kastellet, pusimos rumbo caminando hacia la famosa estatua de La Sirenita, que queda ahí mismo al lado, junto al paseo marítimo. Aunque es el monumento más turístico y masificado de la ciudad —y bastante más pequeña de lo que la gente imagina—, estando a un paso merecía la pena acercarse a fotografiarla junto al agua.

Iglesia de San Salvador
Nos pusimos en marcha hacia la Iglesia de San Salvador (Vor Frelsers Kirke), en el barrio de Christianshavn. De camino cruzamos por Nyhavn y paramos lo justo para tomarnos un helado junto al canal, dejando la visita y las fotos de esa zona para la mañana siguiente al amanecer.
Ya con el helado en mano, llegamos a la iglesia barroca, cuyo gran atractivo es su icónica torre en espiral con la escalera de caracol dorada subiendo por el exterior. Subir los 400 escalones —los últimos 150 al aire libre rodeando la aguja por fuera— impresiona lo suyo, pero la panorámica de 360 grados sobre los tejados de Copenhague hace que la caminata valga la pena.

Ciudad Libre de Christiania
Tras bajar de la torre de San Salvador, fuimos caminando hasta la entrada de la Ciudad Libre de Christiania, que queda a apenas unos minutos a pie en el mismo barrio de Christianshavn.
Este barrio autogobernado, nacido en los años 70 en un antiguo recinto militar abandonado, ofrece un contraste brutal con la arquitectura ordenada del resto de Copenhague. Hoy en día es una zona que se puede visitar con total tranquilidad, perfecta para pasear entre sus calles llenas de arte urbano, murales, casas de arquitectura improvisada junto al canal y espacios comunitarios con un ambiente muy particular.

Jardines de Tivoli
Al salir de Christiania, compramos algo para cenar en un supermercado Netto y nos fuimos directos a los Jardines de Tivoli.
Cenamos allí dentro disfrutando del ambiente de este parque de atracciones histórico, uno de los más antiguos del mundo. Al caer la tarde el recinto se transforma por completo con el encendido de todas las luces y farolillos, así que aprovechamos para pasear tranquilos y hacer algunas fotos con el contraste de los pabellones iluminados y los jardines antes de dar el día por terminado.

Rådhuspladsen (Plaza del Ayuntamiento)
Salimos de los Jardines de Tivoli y nos fuimos directos a la Plaza del Ayuntamiento para aprovechar la hora dorada. La luz cálida pegaba de lleno en la fachada de ladrillo del edificio y en la torre, así que aprovechamos para hacer unas últimas fotos de la plaza antes de dar el día por terminado e irnos a dormir.

Nyhavn
Nos levantamos a primera hora de la mañana para ir directos a Nyhavn y fotografiar el canal completamente vacío, aprovechando la tranquilidad de la primera luz sin gente ni terrazas interrumpiendo las composiciones.

Desde allí nos acercamos a la Biblioteca Nacional de Arte para hacer la foto clásica desde el interior de su jardín, utilizando el marco natural que ofrece la puerta abierta con la vista del canal justo al fondo.

Jardines Reales
Desde allí nos fuimos a los Jardines Reales, los históricos jardines que rodean el castillo de Rosenborg. Aprovechamos la luz de la mañana para hacer algunas fotos del castillo y jugando con los parterres de flores, disfrutando de que a esa hora todavía no había nadie en el parque.

Amalienborg y Cambio de Guardia
Después de visitar los Jardines Reales, fuimos un momento a desayunar con tranquilidad. Ya con energía renovada, nos pusimos rumbo al Palacio de Amalienborg para llegar a tiempo de ver el tradicional cambio de guardia a las 12:00 —te recomiendo llegar con tiempo—. Aprovechamos la plaza octogonal para hacer fotos tanto de los soldados como de las fachadas del recinto. Tras la ceremonia, entramos al museo del palacio para visitar las estancias históricas.


La Torre Redonda (Rundetårn)
Después de tomar un café visitamos la Torre Redonda, uno de los edificios más icónicos y singulares del centro histórico de Copenhague. Su gran particularidad es que no se sube por escaleras, sino por un amplio pasillo helicoidal de ladrillo —un helicoide de más de 200 metros de largo— ideado en el siglo XVII para que los carruajes y los caballos pudieran subir hasta el observatorio astronómico situado en la cumbre.
A nivel fotográfico, la propia rampa ya ofrece un juego geométrico magnífico por las curvas de la pared y los ventanales inclinados que dejan entrar haces de luz lateral. Al llegar arriba, salimos al mirador exterior de la torre para hacer una serie de fotos con vistas panorámicas sobre los tejados rojos, las agujas de las iglesias y el entramado de calles de la ciudad antigua.

Strøget
Después bajamos hacia Strøget, la calle peatonal más famosa de Dinamarca y una de las más largas de Europa. Como consejo fotográfico imprescindible para esta zona: hay que subir a la tienda Hay House y hacer la foto directamente desde su gran ventana, que ofrece un encuadre perfecto y elevado de toda la perspectiva de la calle con las plazas de Amagertorv y la gente pasando abajo.

Palacio de Christiansborg
Terminamos nuestra estancia en Copenhague recorriendo el interior del Palacio de Christiansborg, sede del Parlamento danés y de las salas de recepción real. A nivel fotográfico, el interior es una auténtica pasada: espacios monumentales como los Grandes Salones de Recepción o la espectacular sala de la biblioteca ofrecen un juego increíble para fotografiar arquitectura de interiores, buscando encuadres con la perspectiva, la luz natural y los detalles del edificio. Fue el broche final perfecto para cerrar la ruta fotográfica por la ciudad antes de terminar la etapa urbana.



Rumbo al sur
Al salir de Christiansborg nos fuimos directos a comer algo. De repente empezó a diluviar y la lluvia no dio tregua en toda la tarde, así que, aprovechando que al día siguiente nos esperaba una jornada bastante larga de ruta, decidimos retirarnos al hotel a descansar y reponer fuerzas.
A la mañana siguiente nos fuimos al aeropuerto a recoger el coche de alquiler y pusimos rumbo hacia el sur. Nos esperaba una nueva etapa del viaje en la que visitaremos la catedral de Roskilde, los espectaculares acantilados de Møns Klint, Nysted y la isla de Lolland, entre otros lugares.
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