Con el pretexto perfecto de visitar a una amiga que vive en la zona, aprovechamos nuestra estancia para organizarnos una escapada de un par de días en coche por el sur de Dinamarca. Una ruta pensada para bajar las revoluciones tras la etapa urbana en Copenhague y adentrarnos en paisajes mucho más tranquilos, pueblos con encanto e hitos naturales impactantes.
En este itinerario recorreremos la historia monumental de la Catedral de Roskilde, bordearemos los imponentes acantilados de tiza blanca de Møns Klint y nos adentraremos en la isla de Lolland, descubriendo enclaves como Nysted o la atmósfera magnética del monumento megalítico de Dodekalitten.
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Catedral de Roskilde
Salimos por la mañana temprano de Copenhague con el coche de alquiler y nuestra primera parada obligatoria fue la Catedral de Roskilde, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su construcción arrancó hacia 1170 impulsada por el obispo Absalón y se completó a lo largo de los siglos XII y XIII.

Este templo no solo es una obra maestra del gótico en ladrillo rojo —estilo que sentó un precedente en todo el norte de Europa—, sino que constituye el verdadero corazón histórico de la monarquía danesa. Desde la Edad Media hasta la actualidad, ha funcionado como el panteón real de Dinamarca, albergando en sus distintas capillas las tumbas y sarcófagos de unos 40 reyes y reinas.

Recorrer su interior es avanzar por la evolución histórica del país. A medida que caminas por sus naves y capillas adosadas, se aprecia cómo la arquitectura fue transformándose con el paso de los siglos, pasando del estilo gótico medieval a añadidos barrocos, neoclásicos y renacentistas construidos para acoger los sepulcros de cada época. Es una visita imprescindible para entender la importancia histórica de la antigua capital danesa y apreciar la sobriedad monumental de su arquitectura, donde el ladrillo visto y la escala de las bóvedas marcan por completo el carácter del edificio.

Møns Klint
Tras la visita a Roskilde pusimos rumbo hacia Møns Klint, uno de los parajes naturales más impresionantes de Dinamarca, donde los impresionantes acantilados de tiza blanca caen de golpe sobre el mar Báltico. En esta ocasión decidimos no bajar hasta la playa por las larguísimas escaleras, sino recorrer varios de los senderos que discurren por la parte alta, entre frondosos bosques de hayas, ofreciendo distintos miradores e imágenes brutales de la costa desde las alturas.
Como el día acompañaba, aprovechamos la infraestructura del entorno para comer allí mismo. Llevábamos unos bocadillos y provisiones que habíamos comprado previamente en un supermercado Netto, y comimos tranquilamente en una de las mesas de picnic habilitadas en la zona antes de continuar la ruta en coche.

Parada en Stege v
De camino a Nysted hicimos una parada improvisada en Stege, la capital de la isla de Møn. Fue todo un descubrimiento: nos pareció un pueblo precioso y decidimos parar a tomar un café con calma y estirar las piernas recorriendo sus calles tradicionales y sus casas de colores.


Es una de las localidades más antiguas y fascinantes de la zona. En la Edad Media fue una ciudad portuaria sumamente próspera gracias al comercio del arenque en el mar Báltico. Lo más curioso de Stege es que conserva Mølleporten, una de las dos únicas puertas de entrada medievales que quedan en pie en toda Dinamarca, además de restos de sus antiguas murallas y fosos. Conserva un aire muy auténtico, tranquilo y con muchísimo encanto que merece la pena disfrutar sin prisa antes de continuar la ruta.

Atardecer en Nysted
Tras la parada en Stege, volvimos a la carretera para dirigirnos a Nysted, una de las localidades costeras más bonitas de la isla de Lolland. Al llegar nos encontramos con un pueblo realmente acogedor, de calles empedradas y casas históricas muy bien conservadas. Destaca especialmente su iglesia, un templo gótico medieval con una torre de aguja muy llamativa que domina todo el perfil del pueblo.

Sin embargo, lo mejor del día nos esperaba al acercarnos al puerto. Llegamos justo a tiempo para la puesta de sol, y fue sin duda uno de los grandes momentos del viaje. Ver cómo el sol descendía lentamente hasta esconderse justo detrás de la línea de árboles al fondo de la bahía, tiñendo de tonos cálidos el agua del mar y los barcos amarrados, dejó una estampa impresionante para cerrar la jornada antes de poner rumbo a casa de nuestra amiga.

Maribo y la caza de troles
Como la mañana amaneció gris y estuvo lloviendo con ganas, la pasamos resguardados en casa disfrutando de la visita a nuestra amiga y charlando sin prisa. Más tarde salimos a comer algo cerca de la playa y, con las pilas cargadas y la tarde ya más despejada, nos pusimos en marcha hacia Maribo.
A las afueras del pueblo, en el bosque de Bangshave junto al lago, fuimos a buscar a Frie Vilje («Libre Albedrío»), uno de los famosos troles de madera gigantes de Dinamarca. Estas esculturas, creadas por el artista Thomas Dambo utilizando únicamente madera reciclada, están escondidas por bosques y rincones de todo el país. La propuesta invita a una especie de «caza del tesoro» al aire libre que integra arte, sostenibilidad y naturaleza.

Tras el paseo entre los árboles para ver la escultura, nos acercamos a recorrer el centro histórico de Maribo. El pueblo es muy tranquilo y gira en torno a su catedral (Maribo Domkirke), un sobrio e imponente templo gótico del siglo XV situado junto al lago Søndersø, que originalmente formaba parte de un antiguo monasterio de la orden de Santa Brígida.

Kragenæs y el misterio de Dodekalitten
Al terminar la visita en Maribo, pusimos rumbo al norte de la isla hacia Kragenæs, un pequeño pueblo portuario desde el que salen los ferris hacia las islas vecinas. Allí se encuentra la parada final y uno de los lugares más singulares de todo el itinerario: Dodekalitten.

Para llegar hay que dar un breve paseo a pie desde el pueblo hasta una colina abierta que domina el mar. Al llegar a la cumbre te encuentras con un monumento impactante: doce gigantescas esculturas de piedra de hasta nueve metros de altura dispuestas en círculo, con rostros de trazo primitivo esculpidos mirando fijamente hacia el horizonte.

El lugar no solo destaca por el impacto visual, sino por su atmósfera sonora. Bajo el suelo hay integrado un sistema de audio que reproduce melodías de música electroacústica en bucle, envolviendo el paisaje. Pasar allí las últimas horas de la tarde, con la luz cayendo sobre las piedras y la música resonando frente al mar, fue el broche de oro definitivo para cerrar esta ruta por el sur de Dinamarca.

Rumbo a la siguiente etapa
Con la visita a Dodekalitten pusimos el punto final a estos dos días de ruta en coche por el sur de Dinamarca. Toca hacer las maletas, despedirnos y poner rumbo de vuelta hacia Copenhague. Mañana dejamos atrás las tierras danesas para coger un vuelo con destino a Milán y arrancar un nuevo capítulo de este viaje.
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