Por fin llegamos a Pamukkale, el escenario donde se encuentran los famosos travertinos blancos y las ruinas de Hierápolis. Esta es la última gran ciudad grecorromana que voy a visitar en esta ruta de 10 días por Turquía por libre, y el contraste con todo lo visto hasta ahora es brutal.
El gran atractivo visual del lugar es su icónica montaña de algodón: una inmensa formación calcárea de terrazas blancas originadas por los sedimentos de las aguas termales que brotan del subsuelo. Pero Pamukkale no es solo un capricho de la naturaleza. Justo en lo alto de estas terrazas se asienta Hierápolis, que en la antigüedad no funcionaba como una urbe romana común, sino como una auténtica ciudad balneario. Sus manantiales de aguas medicinales atraían a ciudadanos de todo el imperio que viajaban hasta aquí en busca de curación, convirtiéndola en uno de los centros de salud y descanso más importantes de la época.
Tabla de contenidos
Cómo llegar a Pamukkale desde Selçuk (Éfeso)
La forma más cómoda, barata y directa de hacer este trayecto por tu cuenta es utilizando el tren. En la estación de Selçuk puedes coger el tren directo hasta la ciudad de Denizli. El trayecto dura unas 3 horas y el billete se compra directamente en la taquilla de la estación antes de subir.
Una vez que el tren llega a la estación de Denizli, el enlace es muy sencillo:
Cruzas la calle hacia la estación de autobuses de Denizli (Otogar), que está justo enfrente de la vía del tren.
Bajas por las escaleras mecánicas a la planta subterránea (planta -1), que es desde donde operan los transportes locales y provinciales.
Buscas la plataforma número 76. De ahí es de donde salen los dolmus (los minibuses locales) hacia Pamukkale. Pasan aproximadamente cada 15 o 20 minutos, el billete se le paga en efectivo al conductor y te deja en el pueblo de Pamukkale, justo a los pies de las terrazas blancas, en unos 20 minutos. Has de avisar al conductor de dónde bajas.
Dónde alojarse en Pamukkale
Para visitar la zona con tranquilidad, lo ideal es buscar un alojamiento en el propio pueblo de Pamukkale, a un paseo corto de las taquillas de acceso. En mi caso, me quedé dos noches en el Uyum Hotel.
Es una opción fantástica si buscas un sitio práctico, familiar y con una gestión muy atenta. Las habitaciones son sencillas pero cómodas, tiene una piscina ideal para desconectar al final del día y, lo mejor de todo, está ubicado en una zona muy tranquila del pueblo pero a apenas unos minutos a pie de la entrada inferior del yacimiento. Quedarse dos noches te permite repartir bien los tiempos y visitar tanto los travertinos como las ruinas de Hierápolis sin ninguna prisa.
Qué hacer en Pamukkale y Hierápolis
Te recomiendo visitar el recinto a primera hora de la mañana, justo cuando abre. Así podrás subir por los travertinos prácticamente en solitario y evitarás tanto el calor como las masificaciones que llegan a media mañana.
Otra opción si prefieres ir con todo organizado es hacer este tour guiado por Pamukkale y Hierápolis.
Los travertinos blancos
Conocido popularmente como el «Castillo de Algodón», este paisaje es una inmensa montaña blanca formada por los minerales que el agua termal va dejando acumulados al salir a la superficie.

Para recorrer las terrazas es obligatorio descalzarse para no manchar ni dañar la piedra, así que lleva una bolsa para meter las zapatillas en la mochila. Un detalle importante es que si entras a primera hora, el suelo y el agua que corre pueden estar bastante fríos según la época del año, así que ve preparado.

Además, debes saber que muchas de las piscinas naturales que se ven en las fotos idílicas de internet hoy están secas o vacías porque van desviando el agua para que no se estropee el recinto; aun así, la caminata y el paisaje merecen totalmente la pena.

La Piscina de Cleopatra
Es un manantial de aguas termales a unos 36°C famoso porque conserva en el fondo varias columnas de mármol romanas auténticas que cayeron tras un terremoto. El acceso al recinto es libre para pasear y curiosear, pero si te quieres bañar hay que pagar una entrada extra. Como puedes imaginar, a mí jamás se me ocurriría pagar para meterme en una piscina de agua caliente y llena de turistas.
El Teatro Romano de Hierápolis
Es uno de los teatros mejor conservados de toda Turquía y, sin duda, la estructura más espectacular de esta antigua ciudad balneario. Se construyó aprovechando la propia pendiente de la colina y llegó a tener capacidad para más de 10.000 espectadores.

Lo que lo hace único es su frente escénico: a diferencia de la gran mayoría de teatros antiguos donde la fachada está completamente derruida, aquí se conserva en pie gran parte de la estructura, con sus hileras de columnas decorativas y varios de los relieves originales esculpidos en la piedra. La subida a pie desde la zona de los travertinos cansa un poco (especialmente si empieza a apretar el sol), pero sentarse en lo alto del graderío a ver la inmensidad del teatro y las vistas de todo el valle merece totalmente el esfuerzo.

El Templo de Apolo
Situado justo en la ladera inferior del teatro, este complejo era el centro religioso más importante de Hierápolis, ya que Apolo era considerado el dios protector y fundador de la ciudad. Aunque los terremotos lo dejaron bastante expuesto, todavía impresiona ver la escala de su monumental escalinata de mármol y las imponentes columnas que quedan en pie. Es una zona fantástica para detenerse a observar los detalles de la arquitectura y la forma en que los bloques de piedra se integran en la pendiente de la colina, conectando directamente con el área urbana que se extiende más abajo.

El Martirium de San Felipe
Para llegar hasta aquí hay que ganarse las vistas: se encuentra subiendo un sendero empinado por la colina, bastante más arriba del Teatro Romano. Este complejo se construyó en el siglo V en el lugar exacto donde, según la tradición cristiana, el apóstol San Felipe fue martirizado y ejecutado en el año 80 d.C.
Plutonión
El Plutonión era considerado en la antigüedad una auténtica puerta al inframundo. Se trata de una pequeña cueva que emana de forma natural densos gases tóxicos del subsuelo (especialmente dióxido de carbono). Los sacerdotes de la época utilizaban este fenómeno para hacer demostraciones de «milagros»: metían animales en la cueva que morían asfixiados al momento, mientras que ellos sabían cómo entrar sin respirar para demostrar que el dios del inframundo los respetaba. Hoy en día la zona está vallada por seguridad, pero se puede ver perfectamente la entrada desde una pasarela y es uno de los puntos con más historia del yacimiento.
La Calle Frontino
Saliendo de la zona del templo de Apolo te adentras en la arteria principal de la ciudad antigua. Se trata de una avenida monumental pavimentada con enormes losas de piedra que cruza Hierápolis de lado a lado y que servía como el eje sobre el que se organizaba toda la vida urbana.

La Puerta de Frontino (o de Domiciano)
Caminando por esa avenida principal llegas directamente a la entrada norte de la ciudad. Es una puerta espectacular y monumental con tres grandes arcos de piedra flanqueados por torres defensivas cilíndricas. Cruza los arcos para ver de cerca la solidez de la piedra; es uno de los puntos más fotogénicos de todo el yacimiento.

El Ágora
Pasada la zona de la puerta te encuentras con el Ágora. En su época dorada, este espacio fue una de las plazas públicas y de mercado más grandes de todo el mundo antiguo. Era el verdadero motor comercial de la ciudad balneario, un recinto inmenso rodeado de pórticos donde se concentraban los mercaderes y los viajeros que llegaban a Hierápolis.
La Basílica
Cerca de la gran puerta norte vas a ver los restos de este enorme edificio de piedra. Originalmente funcionaba como unos baños públicos romanos, pero siglos más tarde, con la llegada del cristianismo, la estructura se aprovechó y se transformó en una basílica. Hoy en día quedan en pie varios de sus imponentes arcos y muros de bloques de piedra, y se ve perfectamente cómo se reutilizó el espacio.

La gran Necrópolis
Al final del camino norte se extiende, a lo largo de más de un kilómetro, el cementerio antiguo de la ciudad. Al ser Hierápolis una ciudad termal a la que acudían miles de enfermos de todo el imperio con la esperanza de curarse, muchos de los que no lo lograban terminaban enterrados aquí. Sorprende por su escala y por la variedad de sepulturas que se conservan en perfecto estado, desde sarcófagos gigantescos de piedra hasta mausoleos familiares completos que bordean el camino.

El Museo Arqueológico de Hierápolis
Se encuentra ubicado dentro de los antiguos baños romanos del siglo II d.C., justo al lado de las piscinas de travertino. Aunque el yacimiento está lleno de ruinas, es aquí dentro donde vas a ver las piezas más espectaculares y mejor conservadas.
El museo se divide en tres salas principales. La más potente visualmente es la sala del teatro, donde se exponen los relieves de mármol originales y las estatuas que decoraban el frente escénico (lo que se ve hoy en el teatro son réplicas por conservación). También hay una sala dedicada a los sarcófagos de piedra encontrados en la Necrópolis y otra con monedas y joyas antiguas. El espacio en sí, con las bóvedas de piedra de las viejas termas romanas, ya merece la pena la visita.

Sobre volar Pamukkale y Hierápolis en parapente
Volar aquí merece mucho la pena porque es la única forma de ver conjuntamente, y desde arriba, toda la extensión de las ruinas de Hierápolis y la montaña blanca de Pamukkale.
En mi caso, era la primera vez que hacía parapente. El plan original era volar por la tarde, pero el viento se levantó con fuerza, se tuvo que cancelar y no quedó otra que posponerlo todo al día siguiente. Si vas a incluir esto en el viaje, ten claro que dependes al 100% del clima; no lo dejes para el último cartucho o te arriesgas a quedarte sin volar si las condiciones cambian.
Te dejo este planazo por aquí.
Otra opción muy top es hacer el vuelo en globo!

Fin de la ruta por Turquía
Con el vuelo en parapente se termina el recorrido por Pamukkale y Hierápolis, que ha sido el broche final perfecto para este viaje. Mañana toca ponerse en ruta hacia Esmirna, el punto desde el que cogeré el vuelo de vuelta directo a Barcelona.
Terminamos aquí esta ruta de diez días por Turquía con ganas de conocer la parte griega de la Antigua Grecia y el Imperio Romano. Próxima parada: mi ruta de 10 días por Grecia.
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